¿Bienestar universitario? No, no es yoga a las 5
Durante mucho tiempo nos han vendido una imagen muy concreta de lo que significa cuidarse. Madrugar sin esfuerzo, estirar el cuerpo, respirar profundo, desayunar algo saludable y empezar el día con la sensación de que ya has hecho “lo correcto”.
En teoría, suena bien. En la práctica, menos.
La vida universitaria va por otro lado.
La idea de bienestar que no encaja con la universidad
Cuando llegas a la universidad, no solo cambian los horarios o las responsabilidades. Cambia la forma en la que te organizas, te relacionas y te enfrentas a la exigencia.
De repente, nadie te marca el ritmo exacto.
Todo parece importante.
Todo suma presión.
Todo cuenta.

Fíjate: clases que empiezan temprano o terminan tarde, trabajos que se solapan, exámenes que se acumulan y semanas en las que el descanso se queda corto…
Te enfrentas a días en los que el cuerpo cumple, pero la cabeza va más lenta, más cargada o simplemente se satura. Y en medio de todo eso, aparece una presión añadida: la de sentir que además deberías cuidarte mejor. Como si no llegar a todo no fuera suficiente.
El problema es pensar que el bienestar tiene una única forma y que, si no encajas en ella, estás fallando.
En ese contexto, muchas veces el bienestar se plantea como algo ideal, casi inalcanzable. Rutinas perfectas, hábitos constantes, disciplina diaria. Como si cuidarte tuviera que parecerse a una versión mejorada de ti mismo.
Pero la realidad universitaria es mucho más irregular: días largos, noches cortas, semanas desordenadas y momentos en los que simplemente sobrevives al calendario. Pretender encajar un modelo de bienestar rígido en una etapa tan cambiante genera más frustración que calma.
Cuando cuidarte se convierte en la fuente de estrés
Hay un momento muy común en la vida universitaria: ese en el que sientes que no solo tienes que estudiar, sino también hacerlo todo “bien”. Dormir bien, comer bien, organizarte bien, rendir bien… y, solo si puedes, disfrutar.
Y cuando no llegas a todo, aparece la culpa.
La culpa por no aprovechar el tiempo como “deberías”.
La culpa por no descansar lo suficiente.
La culpa por comer rápido.
La culpa por no entrenar.
El autocuidado no debe sentirse como una obligación
Cuidarte no tiene que ser una lista más en tu agenda. Si algo que se supone que te ayuda te genera ansiedad, quizás no es el tipo de cuidado que necesitas ahora. Hay momentos en los que el bienestar no consiste en mejorar hábitos, sino en NO exigirte más de lo que ya te exige el día.
Se trata de sostenerte sin añadir presión. Aceptar eso también es una forma de madurez.

El bienestar real es más simple (y más humano)
El bienestar universitario no suele ser espectacular, ni se nota desde fuera ni se ve en redes sociales. Está en decisiones pequeñas, casi invisibles, que no siempre parecen “productivas”, pero sí necesarias.
Pequeñas cosas que suman más de lo que parece
A veces cuidarte es dormir un poco más cuando puedes, aunque no cumplas el horario perfecto. Comer algo caliente, aunque no sea lo más elaborado. Salir a despejarte un rato sin convertirlo en una sesión de entrenamiento. Permitirte una tarde más lenta sin sentir que estás perdiendo el tiempo.
No es hacerlo todo bien.
Es hacerlo suficiente para seguir.
El bienestar real no debe ser constante ni perfecto, pero es el que se adapta a tu momento vital.
Cansancio mental o ese agotamiento que no sabes explicar
Uno de los grandes olvidados cuando se habla de bienestar es el cansancio mental. Ese que no se arregla solo durmiendo y que aparece incluso cuando, en teoría, “todo va bien”.
La universidad exige atención constante, toma de decisiones, concentración prolongada y una sensación permanente de evaluación. Eso desgasta, aunque no siempre se note de inmediato.

No siempre estás desmotivado, a veces, agotado
Hay días en los que cuesta concentrarse, empezar o terminar tareas. Y enseguida aparece el pensamiento de que algo va mal, de que no eres suficientemente constante o disciplinado. Pero muchas veces no es falta de ganas, es saturación.
Aprender a identificar ese cansancio y no responder a él con más exigencia es una parte importante del bienestar universitario.
Estar bien no significa estarlo todos los días
Otro error muy común.
Pensar que el bienestar es un estado estable, vamos, como si lo alcanzaras y, a partir de ahí, todo fuera como la seda. La realidad es que la universidad viene con días muy buenos y otros bastante reguleros. Con semanas en las que todo fluye y otras en las que nada encaja.
Los días flojos también forman parte del proceso
Hay días en los que no rindes como esperabas, con momentos de duda, de bloqueo o de bajón, que muchas veces ni entiendes.
Eso no significa que estés fallando ni que no sepas cuidarte. Significa que estás viviendo una etapa exigente y en constante cambio, en la que aceptar que no todos los días vas a estar al cien por cien también es una forma de bienestar.

Bienestar cuando vives en una residencia universitaria
Vivir en una residencia suma experiencias, personas y aprendizajes, pero también implica compartir espacio, tiempos y energía. No siempre es fácil encontrar momentos de calma cuando convives con tanta actividad alrededor.
Encontrar tu equilibrio en un espacio compartido
Cuidarte en una residencia no va de aislarte, sino de aprender a escucharte. Saber cuándo te apetece compañía y cuándo necesitas parar es fundamental.
Encontrar pequeños rituales que te ayuden a desconectar, aunque no tengas una habitación enorme o mucho tiempo a solas. También va de entender que el bienestar no siempre es individual y que compartir, hablar, apoyarte en otras personas y sentirte acompañado alivia mucho más de lo que parece.
En definitiva: sentirte en un entorno seguro también forma parte del cuidado.
A veces no necesitas una nueva rutina, una aplicación más o un método revolucionario. Quizá lo que necesitas es cambiar la forma en la que te hablas cuando las cosas no salen perfectas.
El bienestar universitario no es levantarte a las cinco de la mañana para hacer yoga si no te encaja, mejor trata de encontrar formas reales, imperfectas y, sobre todo, tuyas, de estar un poco mejor en medio de todo lo que ya tienes entre manos.
