¿Tu 2025 no salió perfecto? (justo por eso estuvo bien)
Hay una idea que se repite cada diciembre como si fuera una obligación: la del año perfecto.
Ese en el que todo te sale bien, cumples tus metas, apruebas todo a la primera, te organizas como un reloj y llegas a junio convertido en tu mejor versión, la más productiva y eficaz.
Spoiler: ese año no existe.
Y, para ser sinceros, tampoco hace falta que exista.
Este 2025 fue un año raro, irregular, con semanas intensas y otras en las que ni tú te reconocías. Hubo días brillantes y otros en los que la vida y, sobre todo las clases, te pasaron por encima. Pero ahí está la gracia: lo imperfecto también cuenta, y a menudo cuenta más.
Vamos a verlo.
Eso que no conseguiste, … y que tanto te enseñó
Seguro que empezaste el año con varias promesas disfrazadas de propósitos:
“Este cuatrimestre estudio todos los días”.
“No me voy a agobiar con las entregas”.
“Me organizo desde el día uno”.
“Voy a comer mejor”.
¿Y qué pasó? Sencillamente, que eres humano.
La vida universitaria tiene una personalidad parecida a la de un gato: hace lo que quiere. Pero entre esos propósitos que no cuajaron había lecciones escondidas:
No estudiaste todos los días, pero aprendiste cuándo te concentras mejor.
No te organizaste perfecto, pero descubriste qué métodos NO funcionan contigo.
No siempre comiste bien, pero entendiste cómo afecta eso a tu energía.
No evitaste todos tus agobios, pero ahora sabes pedir ayuda cuando hace falta.
Debes pensar que no conseguir algo no significa haber fracasado. Significa haber recogido información para hacerlo mejor la próxima vez.

Los logros invisibles que nadie te aplaude, … pero valen oro)
La tendencia global es medir el año en notas, aprobados, prácticas y éxitos visibles. Todo lo demás se queda en un cajón, como si no contara, y es un gran gran error porque sí que cuenta. Y mucho.
Con todo lo anterior, este año también lograste:
Levantarte un día terrible y, aun así, ir a clase.
Hacer un trabajo en grupo con gente que no conocías.
Sobrevivir a semanas de exámenes que parecían no acabar.
Mantener amistades, incluso en los momentos en los que no tenías tiempo ni para ti.
Aprender a convivir con otras personas (que muchas veces se llega a convertir en un máster aparte).
Volver a empezar cada vez que te caíste un poquito, y que seguro que fueron más veces de las que ahora te acuerdas.
Todo eso es progreso, aunque nadie, a estas alturas, se acuerde.
El lado bueno de equivocarse
Se habla muy poco de esto, pero equivocarse es, muchas veces, una suerte.
Porque este año hiciste cosas que no salieron como esperabas. Presentaciones que no fueron perfectas, asignaturas que se atragantaron, relaciones que cambiaron, hábitos que no terminaste de mantener, … ¿y qué?
Fíjate: Cada fallo afinó tu intuición, cada tropezón te enseñó tus límites y cada “no llegó a tiempo” te hizo replantear tu forma de trabajar.
Los errores te dieron un mapa que ahora te indica qué caminos recorrer y cuáles no vale la pena repetir. Eso es un regalo, aunque venga envuelto en frustración.
Las decisiones que tomaste sin darte cuenta
A veces las que más te cambian no suenan memorables ni salen en tu lista de logros, pero seguro que este año tomaste muchas. Desde quedarte estudiando un día que estabas agotado, hasta pedir ayuda, aunque fuera difícil, cambiar pequeñas cosas que te hicieron avanzar y poner límites, tanto a ti como al resto.
No son grandes gestos, pero sí constantes.
Y la constancia cambia vidas.

La presión del “debería” y cómo soltarla (de una vez) para 2026
Quizá lo que más pesó este año no fueron los exámenes, ni los trabajos, ni la convivencia… sino los “debería”.
… sacar mejores notas,
… ser más organizado,
… tenerlo todo claro,
… hacer deporte.
Y la verdad es que no tienes por qué tener todo perfecto. Ni este año, ni el que viene. Para cerrar bien este ciclo, “suelta” un par de cosas y olvídate de ideas como que tienes que saberlo todo y de que tu esfuerzo depende de los resultados.
Cuando quitas eso del medio, aparece algo mejor: un 2026 que no te exige perfección, solo intención de mejorar cada día un poco más.
Lo que SÍ hiciste bien, que igual ni te acuerdas
Este año hiciste algo muy valioso: seguiste adelante.
Incluso cuando estabas cansado, desconectado, desmotivado o perdido y cuando una asignatura parecía imposible. Cuando caíste en el error de compararte con el resto y, sobre todo, seguiste adelante cuando parecía que no avanzabas.
Seguir también es un logro y uno de los más grandes. Y si estás leyendo esto es porque llegaste hasta aquí, lo que ya dice mucho.

Mira hacia 2026 con ojos más amables
Recuerda: no hace falta que el año que viene sea perfecto, solo que sea un poco más tuyo.
Eso se consigue con metas chiquititas, no imposibles, con rutinas que te funcionen a ti, porque no todo lo que ves en redes sirve, por qué no, con apoyo, con humor y mucha paciencia.
Se trata de que no busques un año redondo, sino uno en el que hayas sido sincero contigo mismo.
Este 2025 quizá no fue ese año brillante ni perfecto en el que pensabas hace justo 12 meses. Todo lo contrario, fue un año lleno de curvas, ritmos raros, cambios inesperados, aprendizajes (a veces dolorosos) y momentos que te hicieron crecer, aunque no lo vieras venir.
Y eso está bien. De hecho, está mejor de lo que crees. Porque los años imperfectos son los que te preparan para los buenos. Así que enhorabuena: sobreviviste al año que no salió perfecto. Y por eso fue un año supervalioso.
