Febrero se acaba: 4 ideas para resetearte antes de la primavera
Febrero siempre es un mes extraño.
Empieza con cara de enero, pero termina con luz de marzo.
No es del todo invierno, pero tampoco primavera. Y quizá por eso, cuando estás en la universidad, se siente como una especie de punto intermedio: no acabas de arrancar el cuatrimestre con toda la energía, pero tampoco estás pensando aún en finales, entregas grandes o en el verano.
Es justo ahí, en ese terreno indefinido, donde finales de febrero se convierte en un momento perfecto para hacer un reset suave.
Un reset que no es empezar de cero
En la universidad parece que todo funciona por etapas muy marcadas: principio de curso, exámenes, vacaciones, vuelta a empezar, …. pero no todo es blando o negro y hay una gama de grises intermedia que hace que la vida real no vaya a saltos tan claros.
A veces lo que necesitas no es reiniciar, sino ajustar.

Resetear no es rehacer tu vida
Resetear puede ser tan simple como dejar de forzarte a seguir una rutina que ya no te funciona, aceptar que este cuatrimestre no está siendo como imaginabas o asumir que necesitas otra forma de organizarte diferente a la de hasta ahora.
Finales de febrero es ese momento ideal para hacerlo sin drama. Todavía queda curso, pero ya tienes suficiente perspectiva para saber qué te pesa y qué no.
El cansancio de mitad de curso existe (aunque no se hable mucho de él)
No es pereza.
No es falta de motivación.
Es solamente cansancio acumulado.
A estas alturas ya llevas meses de clases, trabajos y madrugones, con tu vida personal intentando encajar en medio. Un reset ahora te permite llegar a la primavera con algo más de aire.
01.-Ordena el espacio: el primer paso para sentirte mejor
Cuando el buen tiempo empieza a asomar, el cuerpo pide movimiento, pero también orden. Y no, no hace falta hacer una limpieza radical y empezar de cero, basta con pequeños cambios que se notan mucho después:
Guardar apuntes antiguos que ya no necesitas a mano.
Cambiar la colocación de tu escritorio.
Dejar entrar más luz natural.
Si te das cuenta, son gestos mínimos, pero ayudan a marcar mentalmente que entras en otra fase del curso.
Tanto si vives en una residencia como si compartes piso, tu habitación es casi todo: lugar de estudio, descanso y desconexión. Ajustarla un poco ahora te ayuda a concentrarte mejor y a sentirte menos saturado lo que queda de curso.
02.-Revisa cómo estás estudiando
Sin machacarte.
Finales de febrero es un buen momento para hacer una revisión honesta de cómo estás llevando el curso y confirmar qué está funcionando y qué no. Pero importante: se trata de preguntarte, no de juzgarte.
¿Estudio mejor solo o acompañado?
¿Me sirve el horario que me marqué en enero?
¿Estoy dejando todo para última hora porque no me organizo o porque estoy agotado?
No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo un poco más fácil.
Seguro que lo sabes, de hecho, igual ya estás pensando en ella. La primavera siempre trae más planes, más vida social y menos ganas de encerrarse a estudiar. Si ajustas ahora tu forma de trabajar, luego no sentirás que todo se te viene encima.
03.-Vuelve a esos planes que el invierno había “apagado”
Durante los meses fríos todo cuesta un poco más. Salir, moverte, improvisar. Pero cuando febrero se va, el cuerpo es el primero en darse cuenta y empieza a pedir otra cosa:pasear sin rumbo después de clase, sentarte al sol aunque aún haga fresco, tomar un café largo entre clases.
Son esos pequeños momentos que habías dejado a un lado, pero te sacan del piloto automático.
La universidad es social por naturaleza, pero también cansa. Aprovecha este cambio de mes para quedarte con los planes que te suman y soltar los que haces solo por inercia.

04.-Ajusta expectativas antes de marzo
Marzo casi siempre viene acompañado de un cambio de ritmo automático. Hay más luz, más ganas de salir y, muchas veces, más planes de los que caben en una semana normal de universidad.
Por eso, finales de febrero es un buen momento para parar un segundo y ajustar expectativas antes de que todo empiece a acelerarse.
No todo tiene que acelerarse
Que los días sean más largos no significa que tengas que hacer más cosas.
No es obligatorio aprovechar cada hora extra ni convertir la primavera en una carrera por ser más productivo, más social ni más activo. A veces, el verdadero reset está justo en lo contrario: en decidir conscientemente qué NO vas a hacer.
Reducir presión también es avanzar, recuérdalo, así que elegir no apuntarte a todo, no decir que sí a todos los planes y no exigirte rendir al máximo cada día es una forma muy muy válida de cuidarte.
Ajustar el ritmo a la realidad del curso
A estas alturas del cuatrimestre, ya sabes más o menos cómo va la cosa: qué asignaturas te piden más, cuáles llevas mejor y dónde sueles flojear. Ahora toca ser realista con tu energía y con el tiempo del que dispones.
Quizá no es el momento de proponerte estudiar el doble, sino de organizarte mejor, aceptar que habrá semanas más flojas (y otras más productivas) y que todo forma parte del proceso.

Preguntas que ayudan a recolocarte
Antes de que llegue marzo, viene bien hacerte algunas preguntas sencillas:
“¿Qué me gustaría cambiar de aquí a Semana Santa?”
“¿Qué cosas me están agotando más de lo que deberían?”
¿Qué quiero mantener de este cuatrimestre porque sí me está funcionando?
“¿Qué me está pidiendo el cuerpo últimamente: más movimiento, más descanso o más calma?”
Responde con honestidad. No significa tener todas las respuestas claras ni engañarte para conseguirlo. Se trata de que a partir de ahora todo vaya mucho mejor hasta final de curso.
Febrero se va sin hacer mucho ruido, pero deja algo importante: la sensación de transición. De que lo más oscuro del invierno ya pasó y de que, poco a poco, empiezan a abrirse nuevas posibilidades.
Resetear ahora es cuidarte un poco mejor, solo con unos pequeños ajustes (o reajustes) que te recolocan y facilitan que continúes el camino con más calma y seguridad. Y es que no hace falta empezar de cero para sentir algo nuevo que está a punto de empezar.
