Planes que no salen en Instagram (y por eso son chulos)
Hay planes que no tienen filtro.
No quedan especialmente bien en una story, no generan likes inmediatos y, probablemente, nadie te pregunte después “¿dónde es eso?”. Pero cuando vuelves a casa, algo ha cambiado. Estás más tranquilo, y te das cuenta de que ha merecido la pena.
En un mundo donde parece que todo lo que hacemos tiene que ser compartido, hay actividades que siguen existiendo en calma. Y lo curioso es que muchas de ellas son las que más se disfrutan por eso mismo, porque no compiten, no se comparan y no necesitan demostrarse.
El placer que da hacer algo sin contarlo
Desde hace ya tiempo tenemos la idea de que una experiencia no está completa si no se comparte. Si no se sube ni se valida. Y eso, seguro que sin darte cuenta, ha cambiado la forma en la que eliges qué hacer en tu tiempo libre.
A veces no haces lo que más te apetece, sino lo que crees que “merece la pena” enseñar.
Pero hay un momento (cuando estás cansado de mirar pantalla) en el que descubres algo importante: hacer cosas solo por el placer de hacerlas, es un lujo enorme que, además, no es aburrido, más bien es liberador.

Quedar “solo” para hablar
Un café sin fotos.
Una conversación sin móvil sobre la mesa.
Una charla larga que no termina en un resumen para redes.
Quedar solo para hablar ahora mismo es casi un acto revolucionario. Pero es uno de los planes que más unen y más alivian. Hablar de eso preocupa, ilusiona y de lo que no se sabe muy bien cómo explicar. Escuchar sin interrupciones y sentirse acompañado de verdad.
Sinceramente, no hay story que capture eso.
“Perder” la tarde en una biblioteca
No hablamos de ir a estudiar con el portátil y mil pestañas abiertas.
Nos referimos a entrar en una biblioteca sin un objetivo claro. Pasear entre estanterías hasta coger un libro porque te llama el título. Sentarte sin prisa y leer.
Es un plan sencillo, barato y sorprendentemente reconfortante. Nadie te interrumpe, nadie te exige nada y el tiempo parece ir un poco más despacio. Eso sí, no vas a salir con una foto bonita, pero sí con una idea nueva en la cabeza. O con la sensación de haber hecho algo solo para ti, sin presión, sin pensar “a ver cuántos likes consigo”.

Caminar sin rumbo y donde llegues, llegaste
Salir a caminar sin un destino concreto es uno de esos planes que nadie presume de hacer, pero que funcionan mejor de lo que parecen.
No es una ruta marcada ni una excursión épica, solo salir, girar una esquina que nunca giras, descubrir una calle nueva, entrar en una tienda pequeña que no conocías. Caminar sin rumbo ayuda a ordenar pensamientos, a bajar revoluciones y, sobre todo, a reconectar contigo cuando todo va demasiado rápido.
Espera porque queda lo mejor: no necesitas a nadie más, ni dinero, ni planificación.
Aprender algo “inútil” y disfrutarlo
No todo tiene que servir para el futuro.
No todo tiene que mejorar tu currículum.
Aprender a hacer cerámica, tocar un instrumento sin intención de ser bueno, escribir por escribir, cocinar recetas raras, coser, pintar, hacer fotos analógicas… Son actividades que no buscan resultados, solo proceso. Ese tipo de aprendizaje relaja porque no hay presión y es ahí donde más disfrutas.
Voluntariado sin postureo
El voluntariado no siempre se vive como un plan de ocio, pero muchas veces lo es. Y de los buenos.
Te damos ideas: ayudar en un comedor social, colaborar con asociaciones, participar en actividades comunitarias… son solo ejemplos de experiencias que te sacan de tu burbuja y te conectan con otras realidades.
No es un plan para subir una foto bonita, sino uno para sentirte útil, acompañado y parte de algo más grande. Y eso, aunque no se vea, se nota.

Cocinar sin prisas aunque sea solo para ti
Cocinar para uno mismo, sin grabarlo, sin receta viral, sin expectativas, llega a ser una experiencia muy terapéutica.
Desde el momento de elegir ingredientes, probar sabores hasta que salga mal y repetir, sin poner el objetivo de nada espectacular. Basta con estar presente en lo que haces, y sobre todo, disfrutarlo.
Actividades en grupo donde nadie compite
Clases colectivas, talleres, asociaciones culturales, grupos de lectura, coros, deportes no competitivos, …, son espacios donde el objetivo no es destacar, sino compartir. En ellos nadie mide quién lo hace mejor, basta con estar y experimentar.
Este tipo de planes genera vínculos más reales y menos presión. Y suelen convertirse, sin darte cuenta, en una parte importante de tu rutina.
El arte de no hacer nada
Sí, también cuenta como plan.
Tumbarte en el sofá sin culpa, mirar por la ventana, escuchar música sin hacer otra cosa a la vez…., dejar que el tiempo pase sin exprimirlo y sin mirar el reloj.
Vivimos con la sensación constante de que tenemos que aprovechar cada minuto. Y eso cansa un montón. Aprender a no hacer nada es aprender a descansar de verdad, y eso se llama bienestar.

Por qué estos planes importan más de lo que crees
Los planes que no salen en Instagram tienen algo en común: no buscan aprobación externa. Y eso los convierte en espacios seguros.
Ahí no compites, no te comparas, no actúas. Solo te relajas y eres tú mismo.
Para los jóvenes, especialmente en etapas de cambio, estudio, nuevas ciudades o primeras independencias, este tipo de actividades ayuda a construir equilibrio. Facilitan conocerte mejor y gestionar el estrés al que estás sometido a diario.
Puede que nadie se entere de que pasaste la tarde leyendo, caminando o cocinando tranquilo. Puede que no haya fotos. Puede que no haya likes.
Pero hay algo mucho más importante: hay calma, conexión y disfrute real. Y eso, aunque no salga en Instagram, es superchulo. Solo inténtalo.
