Sí, el verano también tiene FOMO 

Con la llegada del verano parece que cambian los planes… y también las expectativas. De repente, todo invita a salir, viajar, aprovechar cada día y hacer algo digno de recordar. 

Lo que ocurre es que, junto a esa sensación de libertad, también llega otra mucho menos agradable: creer que los demás están disfrutando mucho más que nosotros. 

Esa comparación, tan habitual como silenciosa, tiene mucho que ver con el FOMO, una sensación que en verano encuentra el escenario perfecto para hacerse notar.

Cuando parece que todo el mundo está viviendo el verano perfecto

Abres Instagram cinco minutos y ya has visto a alguien en una playa de agua cristalina, a otra persona haciendo un viaje por Europa, un festival, una cena al aire libre, una excursión a la montaña y un atardecer que parece sacado de una película.

Cierras la aplicación, miras a tu alrededor y la realidad es bastante distinta.

Estás trabajando, estudiando una asignatura que se resistió en junio, haciendo prácticas o simplemente pasando el verano en casa. De repente, sin saber muy bien por qué, aparece una sensación incómoda: parece que todos están disfrutando más que tú.

Tiene nombre. Se llama FOMO, las siglas de Fear Of Missing Out, o lo que es lo mismo, el miedo a estar perdiéndote algo.

Aunque solemos asociarlo al resto del año, el verano es probablemente la época en la que más fuerza cobra. Porque, cuando llega julio, parece que existe una presión oculta por aprovechar cada día al máximo. Como si descansar ya no fuera suficiente y hubiera que vivir experiencias memorables constantemente.

¿Por qué el verano multiplica esa sensación?

Durante el curso, cada uno lleva un ritmo diferente: clases, trabajo,exámenes… Es más fácil aceptar que cada uno vive una realidad distinta.

En verano ocurre justo lo contrario.

Da la impresión de que todo el mundo debería estar haciendo lo mismo: viajar, salir, conocer gente, ir a conciertos, descubrir lugares nuevos o llenar el móvil de fotos espectaculares.

Y ahí aparece la comparación.

Pero nadie comparte la espera en un aeropuerto, las ocho horas de coche, el calor insoportable, el aburrimiento de algunas tardes o el trabajo que permite pagar esas vacaciones. Compartimos el resultado, no el proceso.

Así es muy sencillo llegar a la conclusión de que somos los únicos que no estamos viviendo «el verano del año».

El verano perfecto no existe

Cada verano parece venir acompañado de una lista invisible de cosas que habría que hacer: viajar, festivales, ponerse en forma, leer, salir, descubrir sitios nuevos, descansar, … y , si es posible, documentarlo todo para demostrar que realmente ha ocurrido.

Lo curioso es que muchas de esas expectativas ni siquiera son nuestras. Las hemos ido acumulando poco a poco, viendo cómo otras personas cuentan sus vacaciones o cómo las películas convierten el verano en una sucesión de aventuras inolvidables.

Si te pones a pensar, la realidad es mucho más sencilla y no por ello tiene que ser parte de un verano poco aprovechado. Se trata sencillamente de vivir tu verano sin fijarte en el del resto.

También existe el FOMO… de no hacer nada

Otro tipo de presión que pasa más desapercibida.

Después de un curso intenso, se necesita tan solo parar para disfrutar de días en los que no ocurre absolutamente nada. Sin embargo, incluso eso puede generar cierta culpa.

Parece que, si tienes tiempo libre, deberías aprovecharlo para ser más productivo, aprender idiomas, empezar un proyecto, encontrar un trabajo, hacer deporte o preparar el próximo curso.

Descansar acaba pareciendo una pérdida de tiempo.

Y resulta paradójico, porque precisamente el descanso es una de las cosas que más necesitamos después de meses de clases, trabajos, exámenes y horarios, y no hay que olvidar que no todos los momentos tienen que ser extraordinarios para ser valiosos.

Si este verano te toca trabajar o estudiar, no te estás quedando atrás

Muchos estudiantes pasan el verano trabajando para ahorrar, haciendo prácticas o preparando recuperaciones. En esos casos es todavía más fácil sentir que el verano se escapa mientras otros parecen estar permanentemente de vacaciones.

Pero, como hemos completado y queremos insistir, las redes sociales rara vez enseñan la historia completa.

Probablemente, quien hoy publica una foto desde una cala escondida también haya pasado semanas trabajando para poder permitirse ese viaje. Quien ha hecho la fotografía durante un fin de semana, el lunes volverá a la oficina. Y otra ha elegido compartir ese momento concreto.

Comparar nuestro día entero con los mejores cinco minutos del día de otra persona nunca es una comparación justa.

Quizá tu mejor verano no sea el que esperabas

Hay veranos que empiezan con muchos planes y terminan siendo bastante normales. Y otros que comienzan sin ninguna expectativa y acaban convirtiéndose en los más especiales.

Es imposible saberlo mientras lo estamos viviendo.

Por eso merece la pena dejar un poco de espacio para la improvisación y para esos días que no parecen extraordinarios. No es necesario llenar cada semana de actividades para que el verano merezca la pena. A veces, basta con sentir que, durante unas horas, no tienes prisa.

Más importante que no perderse algo, es disfrutar de lo que está pasando

El FOMO nos hace mirar constantemente hacia lo que podríamos estar haciendo.

Pero, mientras pensamos en ese festival al que no fuimos, en ese viaje que no hicimos o en ese plan al que no pudimos apuntarnos, corremos el riesgo de perdernos lo único que realmente está ocurriendo: nuestro propio verano.

Puede que este año no sea el más espectacular. O que te toque trabajar más de lo que imaginabas. O estudiar cuando preferirías estar en otro sitio. Pero eso no significa que sea un verano perdido.

Quizá dentro de unos años no recuerdes cuántas historias viste en redes sociales, ni cuántos planes rechazaste. Lo más probable es que recuerdes esa conversación que surgió sin esperarla, aquella tarde tranquila en la que por fin desconectaste o ese pequeño momento en el que pensaste: «Qué bien se está aquí».

Y, muchas veces, eso acaba teniendo mucho más valor que cualquier foto perfecta.

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