Vivir lejos de casa: recursos emocionales para adaptarte

Empezar la universidad es una de esas etapas en las que pasan muchas cosas a la vez. Nuevas clases, nuevos compañeros, más independencia, horarios diferentes y, para muchos estudiantes, una novedad importante: vivir lejos de casa por primera vez.

Llegar a una residencia universitaria es muy emocionante, pero también es normal que durante los primeros días aparezcan sentimientos contradictorios. Puedes estar deseando empezar esta nueva etapa y, al mismo tiempo, echar de menos a tu familia, a tus amigos, tu habitación o incluso pequeñas cosas de tu rutina anterior.

Cómo gestionar esta nueva etapa en una residencia

Hay una parte de este cambio que al principio no se tiene en cuenta demasiado: dejar atrás todo lo conocido.

Hasta ahora probablemente tenías una rutina bastante estable. Sabías dónde estaba cada cosa, conocías a tus vecinos, tenías cerca a tu familia y podías quedar fácilmente con tus amigos de siempre.

Ahora todo es diferente.

Es posible que los primeros días te sientas un poco fuera de lugar o que haya momentos en los que tengas ganas de volver a casa. Incluso puede que después de un día estupendo tengas un rato de nostalgia al llegar a tu habitación.

Es completamente normal. Adaptarse a un lugar nuevo no ocurre de un día para otro. Necesitas tiempo para conocer el entorno, establecer rutinas y crear nuevos vínculos.

No intentes sentirte como en casa desde el primer día

Uno de los errores más habituales es pensar que tenemos que adaptarnos inmediatamente.

Pero nadie llega a una residencia el primer día y tiene todo perfectamente organizado: ya conoce a sus compañeros, sabe cómo funciona todo, tiene una rutina y se siente completamente cómodo como si llevara allí toda su vida.

Los primeros días son precisamente para eso: para descubrir.

Puede que al principio no sepas muy bien dónde hacer cada cosa, que tardes en acostumbrarte a los horarios o que todavía no hayas encontrado a las personas con las que conectas. Pero piensa algo: no tienes que solucionar todo en la primera semana.

Date permiso para estar un poco perdido al principio. La sensación de familiaridad llegará poco a poco, a medida que ese lugar deje de ser “la residencia” y empiece a convertirse en el sitio donde desayunas antes de ir a clase, estudias, comes con tus compañeros y pasas buena parte de tu día.

Mantén el contacto con casa, pero encuentra tu propio equilibrio

Hablar con los tuyos ayuda mucho cuando estás lejos.

Una llamada, un mensaje o una videollamada hacen que la distancia parezca un poco más pequeña, especialmente durante los primeros días. Pero también es necesario encontrar un equilibrio.

Si cada momento libre lo utilizas para hablar con las personas que están en casa, puede que haga más difícil empezar a conectar con las personas que tienes a tu alrededor.

Establece rutinas sencillas que funcionen para ti. Por ejemplo, llama a tu familia alguna noche, habla con tus amigos durante un rato el fin de semana o envía mensajes cuando tengas tiempo. Así sigues cuidando tus relaciones de siempre mientras empiezas a construir otras nuevas.

Y recuerda algo: no tienes que dejar de hablar con la gente de casa para demostrar que eres independiente.

Crea pequeñas rutinas que hagan que tu nuevo espacio se sienta tuyo

Cuando llegas a un sitio nuevo, todo parece un poco impersonal.

Tu habitación todavía no tiene demasiados recuerdos, no conoces bien los espacios comunes y probablemente todavía estás intentando cómo encajar tu nueva rutina con las clases y el resto de actividades.

Crear pequeñas costumbres ayuda a sentirte más cómodo.

Quizá te guste desayunar tranquilamente antes de salir, dar un paseo después de clase, hacer deporte por la tarde, escuchar música mientras ordenas tu habitación o reservar un rato para leer antes de dormir.

También puedes darle a tu habitación algunos toques personales, dentro de las posibilidades de la residencia: unas fotografías, algún objeto que te recuerde a casa, tus libros favoritos o cualquier cosa que haga que el espacio tenga un poco más de ti.

Se trata solamente de unos detalles que sean suficientes para empezar a sentirla como tu espacio.

No te cierres en tu habitación cuando tengas un mal día

Habrá días en los que no tengas ganas de hablar con nadie. Seguro. Y está bien.

No todos los días de esta nueva etapa tienen que ser superemocionantes. Algunos serán normales, otros estupendos y alguno que otro será directamente malo.

Pero si tienes un día de nostalgia o te sientes un poco solo, pasar horas encerrado en la habitación hace que esa sensación crezca. Mejor ve a una zona común, come con otros residentes, sal a caminar, ve a la biblioteca o simplemente pregunta a un compañero cómo le está yendo. Igual te sorprende escuchar que no eres el único que tiene un día terrible y te sientes más acompañado en el proceso.

Date permiso para echar de menos tu casa

Quizá uno de los recursos emocionales más importantes sea aceptar que puedes echar de menos tu casa: No intentes eliminar ese sentimiento.

Puedes estar muy ilusionado con la universidad y tener ganas de volver a casa. Puedes estar conociendo gente nueva y echar de menos a tus amigos de siempre. Puedes disfrutar muchísimo de vivir en Madrid y, al mismo tiempo, tener nostalgia de tu ciudad, de tu familia o de tu habitación.

Una cosa no quita la otra.

Echar de menos significa que hay personas, lugares y momentos que son importantes para ti. No significa que tu nueva vida no te guste. En lugar de pensar “tengo que dejar de echar de menos mi casa”, puede ser más útil pensar “es normal que la eche de menos mientras me acostumbro a estar aquí”.

Con el tiempo, esa sensación cambia.

Quizá el objetivo de adaptarte a vivir lejos de casa no sea dejar de echarla de menos. Tu nueva vida no tiene que borrar la anterior. Puedes seguir manteniendo tus amistades, llamar a tu familia, volver a casa cuando puedas y conservar muchas de las costumbres que te hacen sentir bien mientras descubres todo lo que esta nueva etapa tiene para ofrecerte.

Al principio, la residencia puede ser simplemente el lugar donde estás viviendo porque has empezado la universidad. Pero poco a poco aparecen otras cosas. Y un día te das cuenta de que ese lugar que al principio era completamente nuevo ya forma parte de tu vida.

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